Christo en Central Park - The Gates.
Estas
semanas New York se ha vestido de naranja.
El
sábado fuimos a una fiesta donde había miles
de personas paseando entre una nueva realidad, la que
ha creado Christo y Jeanne Claude en Central Park.
Si este parque es “New York y New York es Central
Park” estos días el parque es una fiesta
de los sentidos y las sensaciones.
Nadie es indiferente a esta provocación... y qué
es el arte sino provocación.
Las opiniones, los comentarios están presentes
en todos los foros de la ciudad. Las Gates han provocado
que se hable de arte, de para que vale esto, de cual es
su función, de cual es su significado en el universo
cotidiano de esta Babel donde tantas personas de otros
sitios del mundo se miran a diario.
Es una buena experiencia si se disfruta observando las
reacciones ajenas,
y a mí me gusta, un paseo entre algunas de estas
siete mil quinientas puertas que han costado veintiún
millones de dólares (sin patrocinio ninguno, todo
es por cuenta del artista) y que tiene una duración
de dos semanas.
La
primera sensación que me produjo es que era fantástico
como se parecía la realidad a los dibujos de Christo
que tantas veces había visto, ese contraste entre
el naranja de
las telas y lo riguroso de los olmos, las acacias en invierno...
como se podían modelar las sombras de los árboles
con el ondular de las telas... como esos grises se hacen
mas profundos y se parecen a los trazos de ese lápiz
que lleva dibujando esta obra desde hace treinta años.
Me gusta ver la silueta mirando hacia el sur del hotel
Plaza, del Essex House, del a medio terminar y
magnifico edificio de Norman Foster con su fachada de
varios planos, y el contraste con el trasluz que proporcionan
estas velas, estos cuadrados de color naranja que modulan
el intermitente sol de invierno de esta isla.
Me
gusta contemplar la ondulación pausada del paisaje,
esa serpiente naranja, que lo abraza, como queriendo
celebrar el nuevo año Chino, que incansable recorre
las ondulaciones del terreno con una perfecto orden una
conjunción de gran impacto entre la naturaleza,
con sus formas diversas y la uniformidad simétrica
de las estructuras.
En
el melancólico paseo de los olmos
(una de los iconos fotográficos del parque) ahora
lleno de energía naranja, se pueden contemplar
los juegos que se producen con las estatuas del parque,
uno de los sitios donde mejor se aprecia, la capacidad
de la obra en modificar el entorno.
La
nieve que cayo ayer ha añadido nuevas posibilidades
en este engaño cómplice
entre el espectador y la obra, se funde una vez más
la naturaleza, la belleza del paisaje del parque y la
potencia del color... Disfrutarlo!

Fotos y texto: Hombre Bruster en NY
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