Chrysler Building

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Finalizado en 1930, el edificio Chrysler es un símbolo distintivo de la ciudad de Nueva York, que mide 319 metros y está situado en el lado este de Manhattan en la intersección de la calle 42 y la Avenida Lexington. Construido originalmente por la corporación Chrysler, el edificio es actualmente copropiedad de TMW Real Estate y Tishman Speyer Properties. El edificio Chrysler fue diseñado por William van Alen para el contratista William H. Reynolds y posteriormente vendido a Walter P. Chrysler como sede central para su compañía.

En el momento en que se estaba levantando el edificio, los constructores de Nueva York se encontraban en una dura competición para construir el rascacielos más alto del mundo. El edificio Chrysler fue construido a una media de 4 plantas por semana y ningún trabajador murió durante su construcción. Apenas antes de su finalización, el edificio se encontraba igualado con el de Wall Street 40 de H. Craig Severance, este último agregó posteriormente dos pies a su edificio y reclamó el título de edificio más grande del mundo (esta distinción excluía a las estructuras, tal como por ejemplo la Torre Eiffel).

Van Alen previamente había conseguido permiso en secreto para construir una aguja, que fue construida dentro del edificio. La aguja de acero inoxidable Nirosta fue colocada en la cima del edificio una tarde de Noviembre de 1929 haciendo del edifico Chrysler no sólo el edificio más alto del mundo sino también la estructura más alta. Van Alen y Chrysler disfrutaron esta distinción durante menos de un año antes de que fuera entregada al Empire State Building. Desafortunadamente la satisfacción de Van Alen quedó empañada por la negativa de Walter Chrysler a pagar sus honorarios.

IMG_0009 copyEl edificio Chrysler es un magnífico ejemplo del estilo arquitectónico Art Deco, la ornamentación distintiva de la torre está basada en los tapacubos usados por entonces en los automóviles Chrysler.

El vestíbulo es igualmente elegante. Cuando el edificio se abrió por primera vez contaba con una galería de acceso público en la parte alta, esta galería fue sustituida pocos años más tarde por un restaurante, pero ninguna de estas dos iniciativas fueron capaces de ser económicamente sostenibles durante la gran depresión así que el originario mirador se convirtió en un club privado. Los pisos superiores del edificio son estrechos con techos inclinados y bajos, diseñados principalmente pensando en el aspecto exterior con interiores útiles únicamente para albergar emisoras de radio y otros equipamientos mecánicos y eléctricos.

El edificio Chrysler fue ignorado por los críticos del momento por su supuesta “frívola” decoración, que se apartaba del estricto funcionalismo modernista. El público general, sin embargo, rápidamente lo vio con admiración y afecto. Con el tiempo vino a ser considerado por muchos como la más bella expresión arquitectónica del auge de los años 20.

Más datos arquitectonicos

Los extremos de los principales relejes horizontales se realzan con esculturas decorativas, sobre planchas de acero reflectante. El cuello del rascacielos está decorado por ocho cabezas de águila, gárgolas de la modernidad.

El piso 30, que alberga el equipamiento técnico y por tanto carece de ventanas, posee un friso de ladrillo bicolor que representa ruedas de automóvil con sus tapacubos metálicos y sus guardabarros. Las esquinas están decoradas con inmensos tapones de radiador de automóviles Chrysler, inspirados en el casco alado de Mercurio.

El impacto visual del edificio reside tanto en la riqueza de las formas como en el empleo de los materiales, en particular las planchas metalicas, que reflejan la luz del sol.

La aguja, está construida a base de conos que encajan unos en otros, y no se parece a ninguna de las cimas de los rascacielos de la misma época, inspirados en la Exposición de las Artes Decorativas de Paris (1925). Esta aguja está mas relacionada con el expresionismo alemán, con los diseños utópicos de Bruno Taut y con los decorados del cine, como los de la película de Robert Wiene “El gabinete del doctor Caligari”.

Acoplar al edificio este “sombrero”, exigía una sutil organización de las fachadas, rimadas por una gran elevación vertical de tres tramos centrales, equilibrada por franjas horizontales cuya decoración posee la desmesura propia de la metrópoli neoyorquina.

El interior, aún mas impresionante que el exterior, donde destaca el vestíbulo, que conserva sus paredes de mármol africano con vetas rojas y un mural de Edward Trumbull que describe las glorias del transporte mundial.

Los ascensores, tambien mantienen la decoración original de felpa y madera contrachapada

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