Viernes, 29 de diciembre de 2006Lolita - ¡Feliz Navidad y un muy feliz Año![]() ¡Feliz Navidad!!! Desde que soy pequeña me encantan las fiestas navideñas. Se que hay gente a la que le espantan, pero a mi todo lo contrario. Será por reencontrarme con la familia, predispuestos todos a tener nuestro mejor comportamiento, o quizás por esas larguísimas comidas y sobremesas donde todos hablamos de lo bien o mal que nos van las cosas. Tal vez sea por los millones de regalos, estupendos o desastrosos que nos hacemos, o por las fiestas donde te reencuentras con viejos amigos del colegio, ex novios y otros animales similares. Me gusta además la sensación de que se acabe un año y empiece otro nuevo, con días todos relucientes y a estrenar donde poder hacer un montón de propósitos y listas con todas esas cosas que todavía me quedan por hacer. ¿Por qué, os imagináis que desastre si no existieran los meses y los años y tan sólo tuviésemos días y días y días, unos tras otros, sin solución de continuidad ni continuidad de soluciones? No sé realmente que es lo que más me gusta de estas fiestas, pero me encantan. Es como si me sintiese pequeña otra vez y creyese en ese gordo enorme con barba blanca vestido de pijama rojo que viene a premiar o no lo buena que he sido durante todo el año. O en esos tres reyes magos a los que aún seguimos dejándole turrones y cognac para que reposten fuerzas tras dejar todos esos estupendos regalos. Todavía recuerdo como cuando era niña, junto a mis hermanas, corríamos al salón esa mañana y nos maravillábamos de lo buenísimas que habíamos sido, abriendo regalos y paquetes sin parar durante horas, y donde mamá y papá aprovechaban para dedicarnos mucho tiempo y a jugar con nosotras hasta agotarnos. No eran sólo los regalos, como tampoco lo son ahora, sino tal vez toda la magia que les rodea, como si realmente, papá Noel, los tres reyes y la magia existieran de verdad. Y creo que quizás ese es el quid de la cuestión, la magia que flota en los días antes de Navidad y Año Nuevo. Las luces que brillan por doquier, los escaparates acicalados con sus mejores galas, las bolsas de regalos que todos acarrean por las calles, los villancicos por las esquinas, las garrapiñadas calientes y las campanillas pidiendo caridad. Todo tiene un poquito de magia si uno tiene ojos para verla. Ya sé, ya sé que es quizás una de las fiestas más comerciales del planeta fabricada y engrandecida por las grandes corporaciones, pero la magia como la fé no se ve, es simplemente cuestión de creer. Si, si, ya sé que también se pueden ver los atascos, el mal humor de los cajeros, las prisas, el agobio de encontrar los regalos adecuados, los retrasos de aviones y trenes y todo un montón de cosas feas más. Pero también uno puede dejarse de tonterías por una vez al año y concentrarse en la alegría de las calles, de los niños que se emocionan con la promesa de todos los juegos compartidos, de los padres y abuelos que esperan con ansia el reencuentro con los suyos. Hoy, mientras paseaba por la quinta avenida repleta de paquetes y una larga lista de compras todavía por hacer, me paré un segundo en la esquina de la calle 57, debajo de la enorme estrella de navidad que todos los años cuelga imponente en el medio de la calle. Y me quedé quieta, simplemente mirando la vida pasar. Mirando el cielo azul con su gigante estrella como caída del cielo, y las luces increíbles que decoran Tiffany, y los miles de turistas y neoyorquinos paseando de la mano con todo tipo de paquetes, y al pobre policía intentando coordinar el caos, y los escaparates espectacularmente teatrales de Bergdorf Goodman donde hasta un oso abre la puerta a una pequeña caperucita, y el glamour del antiguo Hotel Palace hoy siendo reconvertido en lujosísimos apartamentos, y los carros de caballos al paso por la esquina del parque, y a un par de turistas besándose en el medio de todo… Nueva York es estupenda. ¡La vida es estupenda! Tiene sus momentos buenos, y tiene sus momentos tristes y doloroso s. Pero en definitiva, es un pequeño gran milagro, de esos en los que hay simplemente que creer, sin peros y sin pedir demasiadas explicaciones. Después de todo, la magia como la belleza, está en los ojos del que mira. En fin, que os deseo todo, todo lo mejor del mundo y sobretodo, que podías descubrir la magia que estos días anda suelta por ahí, para que la disfrutéis en un buenísimo Año Nuevo. ¡Felices Fiestas para todos! Trackbacks
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